Conmigo le he oído risas que no hace con otros.
Siento que sabe que estamos solas y que, aunque me reconoce como su mamá, me reconoce igual como ese alguien con el que puede estallar en risas tontas, tontas, tontas.
Me mira buscando la manera de invitarme a jugar, a desordenar el mundo, a revolcarlo todo sin que nada importe y aunque existan los limites y se los recuerde, no importa, soy su cómplice y su mejor aliada para reír por bobadas, pero bobadas que no me explico como ella, de tan solo un año, ya entiende.
Se cae de mi mano por tercera vez ese trozo de torta que deseo darle de comer...es inevitable, la risa se apodera de ella y estalla en carcajadas contagiosas.
Me golpeo la mano al intentar alcanzar el tenedor y es detonante suficiente para que retumbe en la cocina esa risa pegajosa e irresistible.
Debo mantener la compostura, lograr recordar que soy el adulto responsable de este pedacito de ser que se involucrara en la sociedad dentro de poco; debo mantener la calma y que no se apodere mi la risa.
Titubeo un poco pero lo logro. Logro entender que este momento puede que jamás se repita y que en realidad vale oro puro, así que llena de jubilo acompaño a mi hija en su momento de desorden y felicidad, en nuestro momento de aprendizaje.
Esta decidido, se dejará para otro momento del día la cordura y la disciplina exagerada. Justo hoy, hemos decidido que el almuerzo sea un poco más divertido que sabroso, un poco más chistoso que lleno de normas e instrucciones...pero es solo por hoy.
martes, 22 de septiembre de 2015
martes, 15 de septiembre de 2015
Pequeño paro cardiaco
Dormir. Me arriesgo a decir que es la actividad humana mas placentera y quizá en esto coincidirían buenos y malos, feos y bonitos, negros y blancos, hombres y mujeres, altos y bajos, gordos y flacos, ustedes y yo. Dormir es sencillamente delicioso y lo es a tal nivel que existen quienes se transforman verdaderamente en monstruos irreconocibles si se les despierta o se les perturba a la hora de dormir.
Duerman todo lo que puedan. Duerman mucho. Es el consejo mas tonto que me daban las personas al verme embarazada. ¿De que podría servirme hoy haber dormido mucho antes? ¡El sueño lo tengo ahora y no puedo recurrir a mis recuerdos de cuanto dormí antes y cuan satisfactorio fue! Es un consejo tonto y punto.
La gente debió decirme: dile adiós a esto que llamas dormir. Jamás volverás a dormir igual, jamás, jamás. Eso si es cierto. Es cruel decirlo a una embarazada, pero es cierto.
La razón, en realidad no es solo una, son varias, aunque todas las provoca ese ser que ha llegado a alegrar tu existencia. En mi caso, Mariapaz.
Las mil y una vez que la duda de si respira o no le ganó a mis ganas enormes de dormir, sería la que encabeza la lista. Seguida y muy de cerca estaría la famosa hora de alimentar a la recién nacida, quien tan solo hace unos 45 minutos logro quedarse dormida luego de habernos asegurado con mil movimientos y posiciones que ya no tenía gases que pudieran ocasionarle cólicos.
En un tercer lugar, pero no por eso el menos odiado, colocaría al llanto, esa natural actividad de un bebe que te deja literalmente sin aire en los pulmones y unos cuantos microsegundos paralizada del susto tan enorme.
Ese poder que tiene el llanto para detener los pálpitos del corazón es en realidad algo inexplicable, pues por mas que sabes que es algo que pasara, es como si aún no estuvieras preparada para eso y lo más absurdo quizá, es que aún después de un año y unos meses, el llanto de tu bebe en la noche sigue ocasionando parálisis respiratoria con un poco de nerviosismo existencial y por supuesto llanto interno con frustración. Así de simple.
De ahí que cuando la noche se logra pasar en limpio, es decir, sin llantos, el sentimiento podría compararse, sin temor a exagerar, como ganar una medalla olímpica y de oro.
Lo que tu cuerpo no sabe es que el sistema de alerta, el cerebro y el instinto maternal, no descansaron en absoluto y tal como me debieron aconsejar, no volverán hacerlo jamás mientras vivas, pues su labor es la de esperar por ese llanto, ese llamado para de inmediato acudir a ser lo mas hermoso que has sido jamás, mamá.
Duerman todo lo que puedan. Duerman mucho. Es el consejo mas tonto que me daban las personas al verme embarazada. ¿De que podría servirme hoy haber dormido mucho antes? ¡El sueño lo tengo ahora y no puedo recurrir a mis recuerdos de cuanto dormí antes y cuan satisfactorio fue! Es un consejo tonto y punto.
La gente debió decirme: dile adiós a esto que llamas dormir. Jamás volverás a dormir igual, jamás, jamás. Eso si es cierto. Es cruel decirlo a una embarazada, pero es cierto.
La razón, en realidad no es solo una, son varias, aunque todas las provoca ese ser que ha llegado a alegrar tu existencia. En mi caso, Mariapaz.
Las mil y una vez que la duda de si respira o no le ganó a mis ganas enormes de dormir, sería la que encabeza la lista. Seguida y muy de cerca estaría la famosa hora de alimentar a la recién nacida, quien tan solo hace unos 45 minutos logro quedarse dormida luego de habernos asegurado con mil movimientos y posiciones que ya no tenía gases que pudieran ocasionarle cólicos.
En un tercer lugar, pero no por eso el menos odiado, colocaría al llanto, esa natural actividad de un bebe que te deja literalmente sin aire en los pulmones y unos cuantos microsegundos paralizada del susto tan enorme.
Ese poder que tiene el llanto para detener los pálpitos del corazón es en realidad algo inexplicable, pues por mas que sabes que es algo que pasara, es como si aún no estuvieras preparada para eso y lo más absurdo quizá, es que aún después de un año y unos meses, el llanto de tu bebe en la noche sigue ocasionando parálisis respiratoria con un poco de nerviosismo existencial y por supuesto llanto interno con frustración. Así de simple.
De ahí que cuando la noche se logra pasar en limpio, es decir, sin llantos, el sentimiento podría compararse, sin temor a exagerar, como ganar una medalla olímpica y de oro.
Lo que tu cuerpo no sabe es que el sistema de alerta, el cerebro y el instinto maternal, no descansaron en absoluto y tal como me debieron aconsejar, no volverán hacerlo jamás mientras vivas, pues su labor es la de esperar por ese llanto, ese llamado para de inmediato acudir a ser lo mas hermoso que has sido jamás, mamá.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Gracias señor Disney
En aquella época en la que fui profesora de pequeñines, muchas veces, pero muchas veces intente dedicar algo de tiempo a reconocer, aprender y disfrutar los dibujos animados de moda, más que nada para lograr una empatia con mis clientes (los niños) y de vez en cuando sobresalir como la profe que más sabia de los Backyardigans o de Lazy Town (muy de moda por esa época)
Jamás lo logré, No. No pude. Mi atención a dichos programas no sobrepasaba el minuto 7. Logré quiza tararear una que otra cancioncilla pegajosa de alguno de estos shows infantiles, pero jamás sentí emoción, gusto y mucho menos memorice los nombres de los personajes.
Nació mi hija Mariapaz y con ella, bajo su piel, venia escondido el chip del gusto por volver a ser niña.
Hoy por hoy, es escalofriante ver como nuestras miradas se buscan y se encuentran cada vez que escuchamos la canción que da inicio a Princesita Sofia.
Ella me abraza, me suelta, baila, mira la tele, sonrie, reconoce a su personaje favorito y...sigue con otra actividad.
Yo por mi parte, la abrazo, la dejo ir, bailo, miro la tele, reconozco a mi personaje favorito y...no puedo despegar mis ojos del embrujo fantástico que Disney creo para mi en esta era en la que me correspondió ser mamá. Si, así es. Disney pensó en mi niña interior al momento de generar un personaje como Sofia I; pensó en que algunas veces veo incluso con más atención los capitulos de Princesita Sofia (solo por nombrar un programa infantil)
Solo se me ocurre sonreír y agradecer porque vibro con lo que mi pequeña vibra, río con lo que ella ríe y disfruto lo que ella disfruta.
Hasta ahora, a su primer año de vida, el balance de empatía madre-hija es satisfactorio. Se que mi hija se conecta conmigo de millones de formas cada día, Esta es una de esas formas, la canción de Princesita Sofia.
Solo se me ocurre sonreír y agradecer porque vibro con lo que mi pequeña vibra, río con lo que ella ríe y disfruto lo que ella disfruta.
Hasta ahora, a su primer año de vida, el balance de empatía madre-hija es satisfactorio. Se que mi hija se conecta conmigo de millones de formas cada día, Esta es una de esas formas, la canción de Princesita Sofia.
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