lunes, 14 de septiembre de 2015

Gracias señor Disney

En aquella época en la que fui profesora de pequeñines, muchas veces, pero muchas veces intente dedicar algo de tiempo a reconocer, aprender y disfrutar los dibujos animados de moda, más que nada para lograr una empatia con mis clientes (los niños) y de vez en cuando sobresalir como la profe que más sabia de los Backyardigans o de Lazy Town (muy de moda por esa época)
Jamás lo logré, No. No pude. Mi atención a dichos programas no sobrepasaba el minuto 7. Logré quiza tararear una que otra cancioncilla pegajosa de alguno de estos shows infantiles, pero jamás sentí emoción, gusto y mucho menos memorice los nombres de los personajes.

Nació mi hija Mariapaz y con ella, bajo su piel, venia escondido el chip del gusto por volver a ser niña.

Hoy por hoy, es escalofriante ver como nuestras miradas se buscan y se encuentran cada vez que escuchamos la canción que da inicio a Princesita Sofia. 
Ella me abraza, me suelta, baila, mira la tele, sonrie, reconoce a su personaje favorito y...sigue con otra actividad. 
Yo por mi parte, la abrazo, la dejo ir, bailo, miro la tele, reconozco a mi personaje favorito y...no puedo despegar mis ojos del  embrujo fantástico que Disney creo para mi en esta era en la que me correspondió ser mamá. Si, así es. Disney pensó en mi niña interior al momento de generar un personaje como Sofia I; pensó en que algunas veces veo incluso con más atención los capitulos de Princesita Sofia (solo por nombrar un programa infantil)

Solo se me ocurre sonreír y agradecer porque vibro con lo que mi pequeña vibra, río con lo que ella ríe y disfruto lo que ella disfruta.
Hasta ahora, a su primer año de vida, el balance de empatía madre-hija es satisfactorio. Se que mi hija se conecta conmigo de millones de formas cada día, Esta es una de esas formas, la canción de Princesita Sofia. 

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