Dormir. Me arriesgo a decir que es la actividad humana mas placentera y quizá en esto coincidirían buenos y malos, feos y bonitos, negros y blancos, hombres y mujeres, altos y bajos, gordos y flacos, ustedes y yo. Dormir es sencillamente delicioso y lo es a tal nivel que existen quienes se transforman verdaderamente en monstruos irreconocibles si se les despierta o se les perturba a la hora de dormir.
Duerman todo lo que puedan. Duerman mucho. Es el consejo mas tonto que me daban las personas al verme embarazada. ¿De que podría servirme hoy haber dormido mucho antes? ¡El sueño lo tengo ahora y no puedo recurrir a mis recuerdos de cuanto dormí antes y cuan satisfactorio fue! Es un consejo tonto y punto.
La gente debió decirme: dile adiós a esto que llamas dormir. Jamás volverás a dormir igual, jamás, jamás. Eso si es cierto. Es cruel decirlo a una embarazada, pero es cierto.
La razón, en realidad no es solo una, son varias, aunque todas las provoca ese ser que ha llegado a alegrar tu existencia. En mi caso, Mariapaz.
Las mil y una vez que la duda de si respira o no le ganó a mis ganas enormes de dormir, sería la que encabeza la lista. Seguida y muy de cerca estaría la famosa hora de alimentar a la recién nacida, quien tan solo hace unos 45 minutos logro quedarse dormida luego de habernos asegurado con mil movimientos y posiciones que ya no tenía gases que pudieran ocasionarle cólicos.
En un tercer lugar, pero no por eso el menos odiado, colocaría al llanto, esa natural actividad de un bebe que te deja literalmente sin aire en los pulmones y unos cuantos microsegundos paralizada del susto tan enorme.
Ese poder que tiene el llanto para detener los pálpitos del corazón es en realidad algo inexplicable, pues por mas que sabes que es algo que pasara, es como si aún no estuvieras preparada para eso y lo más absurdo quizá, es que aún después de un año y unos meses, el llanto de tu bebe en la noche sigue ocasionando parálisis respiratoria con un poco de nerviosismo existencial y por supuesto llanto interno con frustración. Así de simple.
De ahí que cuando la noche se logra pasar en limpio, es decir, sin llantos, el sentimiento podría compararse, sin temor a exagerar, como ganar una medalla olímpica y de oro.
Lo que tu cuerpo no sabe es que el sistema de alerta, el cerebro y el instinto maternal, no descansaron en absoluto y tal como me debieron aconsejar, no volverán hacerlo jamás mientras vivas, pues su labor es la de esperar por ese llanto, ese llamado para de inmediato acudir a ser lo mas hermoso que has sido jamás, mamá.
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